Miércoles 31 de diciembre de 2014 / Resistencia

ESPÍRITU DE ACERO SANTIAGO MANUÍN, UN GUERRERO POR LA PAZ

continua el juicio contra indigenas amazónicos.. por la masacre de Bagua, responsabilidad de Alan García (el perro del hortelano).
ESPÍRITU DE ACERO {{SANTIAGO MANUÍN, UN GUERRERO POR LA {PAZ} }} Por {{Beatriz Jiménez}} – _ La República - 30 de diciembre de 2014 Megajuicio: Santiago Manuin es procesado junto a 53 personas, la gran mayoría nativos, por los hechos de Bagua. Para él y otros 7 acusados piden cadena perpetua. Los 8 impactos de AKM que recibió el 5 de junio del 2009 en Bagua no lograron romper su vocación de defensa de los derechos del pueblo awajún. En el 2014 se hizo acreedor al premio nacional de DDHH, aunque también fue acusado de varios delitos por los que se pidió cadena perpetua. "Con premio o sin él sigo siendo Santiago Manuin y mi vida sigue al servicio de mi pueblo", dice con humildad pero también con orgullo el líder de la etnia más numerosa y guerrera de la Amazonía peruana, el pueblo awajún wampis. Recientemente recibió el premio anual de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH) por su lucha en defensa del territorio y la cultura de los descendientes de los jíbaros. "Lo acepté en nombre de mi pueblo pero no en el mío propio", explica Santiago Manuin Valera desde Santa María de Nieva, en Condorcanqui, su tierra natal. El individualismo no es precisamente un valor en la cosmovisión indígena. Manuin, como awajún, tiene el bien común y la lucha tatuados en el espíritu. Está próximo a partir desde Nieva a Chachapoyas para entregar sus credenciales de consejero regional este 31 de diciembre. Ese trayecto de más de 12 horas lo ha hecho desde el 2011 innumerables veces para cumplir con su función de representación. "La política no es para mí", confiesa antes de emprender el viaje. "Yo quiero estar más cerca de mi comunidad". Esta etapa política ha coincidido con otra de debilidad física producto de los 8 impactos de AKM de los que fue víctima el 5 de junio del 2009 en los sucesos de La Curva del Diablo. Pero su "enfermedad", como él califica a sus heridas en el estómago y los intestinos, no le ha hecho bajar el ritmo de su trabajo. Bagua marcó inevitablemente un antes y un después en la vida de Santiago Manuin. Antes imponía con su presencia física fuerte, rotunda, enérgica. Hoy, con 30 kilos menos, su espíritu es el que se impone con la misma fuerza. "Por alguna razón me tocaba estar ahí", reflexiona más de 5 años después de la tragedia que les costó la vida a 34 peruanos, entre policías e indígenas. "Tenía que soportar todo, recuperarme y continuar mi trabajo pero no con la fuerza de las armas, sino con la de la paz para concientizar al país del valor de nuestro territorio y nuestra cultura", relata. Manuin tuvo que soportar mucho. El 4 de junio del 2009 viajó de Nieva a Bagua con un mensaje de paz: el pueblo awajún wampis iba a retirarse de la Curva del Diablo. Su misión era coordinar la retirada de los manifestantes hasta sus comunidades de la provincia de Condorcanqui. Esa noche, recuerda, la gente estaba tranquila y contenta. Sin embargo, en la madrugada del 5 de junio lo despertó el ruido de un helicóptero. El operativo de desalojo comenzaba. Manuin corrió a buscar a un responsable de la policía para persuadirlo de que pararan el desalojo e informarle de la retirada. Pero ya era tarde. "El escarmiento", como él lo llama, ya había sido ordenado. "Intenté dialogar con alguien, pero no se veía nada por las bombas lacrimógenas", describe. Una ráfaga de AKM se cruzó en su camino. ?¿Siente que esas balas llevaban su nombre? ?No, no lo creo. La policía estaba asustada. Disparaban por disparar. No había quién dirigiera, todo era desorden. A pesar de las balas recibidas en su cuerpo, Manuin no perdió la conciencia. Sus hermanos awajún lo trasladaron como pudieron hasta la carretera. Allí, Manuin se desangraba mientras esperaba un vehículo que lo trasladara a un centro médico. Entonces, por fin, perdió la conciencia y cesó el dolor. Entre despertares, se recuerda tirado en una camilla en el atestado hospital de Bagua. Después, en un helipuerto y, finalmente, en el desvencijado hospital Las Mercedes, de Chiclayo. Su pueblo lo daba entonces por muerto. Gracias a la prensa, su esposa y sus 14 hijos ?el menor no llegaba al año? supieron que seguía con vida. Entonces, empezó lo más difícil: permanecer inmóvil dos meses en una cama, resguardado día y noche por 8 policías. Cuando aún se debatía entre la vida y la muerte, cuenta que quisieron enmarrocarlo a la cama. "Pero los médicos lo impidieron", relata. Todo ese tiempo de convalencencia lo acompañó una de sus hijas. Y también los libros. En el hospital leyó a Gandhi. También a Osho, un maestro espiritual indio. ¿Qué le daba fuerzas? Uno, cuando está en esa condición, no puede hacer nada, solo soportar. El valor que yo tenía era que mi lucha era justa. Lo que me había llevado a estar imposibilitado, era justo. La protesta por los decretos legislativos era muy justa. Realmente estaban cometiendo una injusticia conmigo. PRISIÓN POR VIDA Pero esa injusticia continúa. En el 2010 volvió con orden de comparecencia a su querida Santa María de Nieva, donde su prole vive humildemente en una chacra. Sobre él y el presidente de Aidesep, Alberto Pizango, como sobre otros 6 dirigentes indígenas más, pesa la amenaza de la cadena perpetua. En total, son 53 los procesados por los hechos de Bagua, la gran mayoría awajún wampis. El abogado de Manuin, Norbel Mondragón, informa que la fiscalía lo acusa de 8 delitos en calidad de "instigador": homicidio calificado, lesiones graves, delitos contra los medios de transporte y de servicio público, disturbios, motín, tenencia ilegal de armas, arrebato de armamento y/o municiones de uso oficial, secuestro agravado, extorsión y daños materiales. Por cada delito, las penas oscilan desde los 6 años hasta la cadena perpetua. Mondragón explica que su acusación, al igual que la del resto de líderes indígenas, tiene como raíz la discriminación y el racismo, al considerar que una protesta de las dimensiones que alcanzó la del 2009 contra los decretos legislativos que amenazaban los derechos al territorio de los pueblos indígenas necesitaba de "instigadores". "Como Manuin era un hombre conocido, dedicado a dar charlas sobre derechos humanos y muy vinculado a los jesuitas, la fiscalía llega sorprendentemente a la conclusión de que habría influenciado psicológicamente en los demás hermanos awajún para que lleven a cabo esos delitos". Mientras el país vive de espaldas a este megajuicio, los 53 imputados recorren cientos de kilómetros cada 15 días para participar en las audiencias. El 5 de enero es la próxima y la sentencia todavía está muy, muy lejana. Entre las trabas para que finalice el proceso, figura la falta de facilidades y viáticos que el ministerio del Interior otorga a los 38 policías citados como testigos de la acusación. REY DEL MARAÑÓN Pero Bagua es solo una circunstancia en la vida de Manuin. Uno de los que mejor lo conoce espiritualmente es el sacerdote jesuita Carlos Diharce, su compañero de formación y de luchas durante 30 años. "Bagua fue un accidente en una carrera de luchas ", describe. Manuin nació en 1956 en el entonces pequeño poblado de Santa María de Nieva, en una familia enteramente awajún. Se formó en la escuela de la misión jesuita y siguió una secundaria no escolarizada con otros jóvenes indígenas. En su juventud, trabajó en la pastoral indígena y viajó por primera vez a España, Francia, Italia, Venezuela y Ecuador. En 1989 es elegido presidente del Consejo Aguaruna Huambisa y como dirigente lucha contra el narcotráfico y el terrorismo a través de programas de desarrollo alternativos. En su labor dirigencial, Manuin logró conocer como pocos el Alto Marañón. "Viajé con él durante años por todos los ríos, y él siempre llegaba hasta las últimas comunidades", describe Íñigo Maneiro, su compañero y amigo en la lucha por lograr el desarrollo sin violencia de su pueblo. "Es un tipo que conoce tan bien el territorio, tan querido, íntegro, con mucha visión ...Es un buen compañero de viaje". Entre los viajes que compartieron, estuvo uno a España en 1999 en el que Manuin tuvo una audiencia con la Reina Sofía de España. Durante la reunión, que se extendió por más de una hora, la reina le bromeó sobre el terno que llevaba. Lo que no sabía Sofía era la tortura que había supuesto para él comprarse ese traje en una conocida tienda española. Manuin completó su formación a través de becas en Derechos Humanos en 2001 en Boston y después en Ginebra, donde estudió el Convenio 169 de la OIT. Con toda esta experiencia acumulada, desde el 2006 trabajó apoyando al gobierno regional de Amazonas en la prevención de conflictos. Pero en el 2008, unos decretos legislativos que amenazaban los derechos al territorio de su pueblo lo convirtieron en líder de una protesta pacífica que logró la derogación de algunos de ellos. En el 2009, las protestas se tiñeron de sangre por un operativo mal planificado en el que, con las manos en alto, Manuin se convirtió en una de sus primeras víctimas. Hoy, su sueño es pasar la posta de su liderazgo a los jóvenes awajún. Por eso quiere fundar una escuela de líderes indígenas. Pero una sentencia, que sus allegados no pueden ni imaginarse, puede truncar la trayectoria de un guerrero awajún por la paz. "MÁS QUE LAS BALAS, ME DUELE NO VER PROCESADOS A LOS RESPONSABLES" "Yo no soy la persona importante de este premio. Pienso en mis padres, que me enseñaron a crecer valorando cada rincón del bosque. Pienso en los jesuitas que me enseñaron a leer y a pensar. Pienso en mi esposa que no se cansa de sostenerme cada día en mi enfermedad y en mis hijos que trato de educar. Pienso en tantos paisanos míos que me empujan para seguir luchando. Con ellos asumí el servicio que mi pueblo me ha encomendado. Sinceramente son ellos los que han marcado mi pobre vida y se merecen este premio". "Uds. ya saben que yo y muchos compañeros estamos siendo procesados por lo que pasó en el Baguazo. Para mí el fiscal pide cadena perpetua (...). Yo no me avergüenzo ni arrepiento por el paro que organizamos. Lo volveremos a hacer siempre y cuando veamos amenazado nuestro territorio y no nos hagan ningún caso por la vía legal. Asumo el paro pacífico, pero no la masacre que siguió. Más que las balas y mi enfermedad, me duele no ver procesados a los responsables de esta masacre". "Nuestra historia es una historia de luchas para poder vivir tranquilamente en nuestro territorio. Nuestro pueblo unido ha sabido rechazar a los narcoterroristas. En el conflicto con nuestro hermano Ecuador, hemos apoyado a nuestro hermano Perú. Me siento orgulloso recibiendo este premio en nombre de mis hermanos awajún y wampis. *Discurso ante la CNDHH. Cronología: http://odecofroc-es.blogspot.com.es/p/noticias.html el perro del hortelano (cine) http://www.pachakuti.org/textos/hemeroteca/2014/dia-medioambiente.html