Jueves 23 de agosto de 2012 / Opinión

El futuro que los indígenas queremos

Han pasado ya dos meses desde que concluyó la Conferencia de Río+20
en cuyo documento final se reconoce que el modelo económico actual ha fracasado.. pero... qué se pude hacer para seguir avanzando en las propuestas de los Pueblos Indígenas...

Chirapaq

El futuro que los indígenas queremos

Victoria Tauli-Corpuz,
lideresa indígena de Asia y directora ejecutiva de Tebtebba,

señaló que documento final de Rio+20 reconoce que el modelo económico actual ha fracasado.

Afirma que seguimiento a este plan de acción ofrece oportunidades para profundizar más en el papel de la cultura como una dimensión fundamental del desarrollo sostenible.

Han pasado ya dos meses desde que concluyó la Conferencia de Río+20. Criticada por muchos por la falta de compromisos reales, para Victoria Tauli-Corpuz, directora Ejecutiva de Tebtebba, el plan aprobado por los Estados reconoció efectivamente que el modelo de crecimiento económico dominante ha fracasado.

“Han habido muchas declaraciones de organizaciones de la sociedad civil que condenan el resultado de Río, señalando que promueve la economía verde. Pero una lectura atenta del documento muestra lo contrario”, explica Tauli-Corpuz.

Según la lideresa Igorot de Filipinas y ex presidenta del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU, los pueblos indígenas han incidido en el reconocimiento de economías diversas y plurales y no una única economía verde. Esta afirmación fue reflejada y reconocida por el del documento mediante el uso del término “políticas de economía verde”.

Como antesala a Rio+20 los representantes indígenas se congregaron en diferentes espacios de discusión, elaborando documentos como la Declaración internacional de los pueblos indígenas sobre el Desarrollo Sostenible y la libre determinación y la Declaración Kari-Oca II, destacándose en ambos casos a la cultura como una dimensión fundamental.

“El documento oficial puede no reflejar la manera en que los líderes indígenas han articulado firmemente su posición. No obstante, reconoce que los pueblos indígenas contribuyen al desarrollo sostenible”, indicó.

Sin embargo, una debilidad del documento final radica en los párrafos sobre la minería. Tauli-Corpuz señaló que hubiera querido se consiga la inclusión del “consentimiento libre, previo e informado” como un requisito previo a cualquier actividad minera.

Por otra parte, señaló que la sección de minería reconoció la importancia de “marcos jurídicos y reglamentarios, políticas y prácticas firmes y efectivas para el sector minero”. La sección también hizo hincapié en los beneficios económicos y sociales que incluyan salvaguardias efectivas que reduzcan los efectos sociales y ambientales, incluyendo impactos sobre la biodiversidad y los ecosistemas.

Representantes y líderes indígenas también estuvieron particularmente complacidos por el reconocimiento de la importancia de Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas “en el contexto de la aplicación de estrategias de desarrollo sostenible en el plano mundial, regional, nacional y subnacional”.

Este reconocimiento, indica Tauli-Corpuz, ayudará definitivamente a los pueblos indígenas a fortalecer y defender sus economías locales y sus derechos a la tierra, territorio y recursos. “Para los pueblos indígenas y comunidades locales, cualquier tipo de desarrollo que se lleva a cabo a través de la apropiación de tierras y reubicación forzada, viola los derechos humanos y por ende los principios del desarrollo sostenible”, explica.

Los críticos esperaban un documento final con puntos de acción ambiciosos o algún tipo de hoja de ruta para la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (SDGs en inglés).

Entre aquellos que tuvieron un balance más alentador, Tauli-Corpuz recordó las palabras de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, quien señaló que el documento es un “punto de partida” y no un “umbral o techo” para implementar el camino al desarrollo sostenible.

Al respecto Martin Khor, director ejecutivo del la organización intergubernamental South Centre, declaró que con el resultado en Río de Janeiro, el sistema multilateral de desarrollo sostenible vive para ver un nuevo día. “Las acciones encomendadas en el texto de Río+20, en el Foro de alto nivel sobre desarrollo sostenible, la estrategia de financiación y tecnología facilitando el mecanismo y los objetivos de desarrollo sostenible, apuntan a un trabajo más potencial para el próximo año en la ONU. El éxito de cualquier conferencia es determinado en última instancia en la fuerza del seguimiento a los compromisos. Rio+20 podría seguir siendo una decepción, o podría convertirse en el comienzo de algo importante”, señaló.

Siguiendo esta mirada, según la lideresa, el documento puede utilizarse para empujar a los gobiernos a respetar y aplicar las leyes internacionales de derechos humanos, incluyendo la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas.
“Las medidas de seguimiento, que Río+20 exige, también ofrece oportunidades para profundizar más en el papel de la cultura como una dimensión fundamental del desarrollo sostenible de los pueblos indígenas. Con aún retos urgentes por delante, la tarea de todos los interesados en ayudar a trazar el futuro que queremos, de hecho, acaba de empezar”, concluyó.

Foto: Naciones Unidas/Paulo Filgueiras.